Honrar a Dios

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VISIONES Y ESPERANZAS

Estamos finalizando un año, uno más, y mirando hacia el próximo me pregunto, y os pregunto: ¿qué esperamos para el año que viene?

Mirando atrás, ha sido un año difícil para muchos de nosotros y podemos sentirnos cansados y frustrados, pues no hemos conseguido todos los objetivos que nos habíamos propuesto. Algunos discípulos de Juan el Bautista pensaban que su maestro debería sentir, si no envidia sí una cierta preocupación, porque Jesús se estaba haciendo más popular. A estos les respondió Juan: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”. Juan sabía quién era (el tan sólo era el amigo del esposo), cuál era su papel y quién era Jesús, a quien identificó como el Cordero de Dios. Quizá nosotros no podamos cambiar nuestros sentimientos, al menos de manera inmediata, pero sí que sabemos que no son nuestra guía y que lo que debe cambiar, renovarse y transformarse es nuestro entendimiento. Al igual que Juan, eso tiene que ver con nuestra identidad, con nuestra misión y con nuestra posición ante el Señor Jesucristo. Somos pueblo de Dios, servidores de Dios (y si le servimos haciendo lo que nos corresponde, no pasamos de la categoría de “siervos inútiles”) y esclavos de Jesucristo.

Además, a partir de cierta edad, menguamos necesariamente, y no por voluntad propia, y nuestro ser exterior se va desgastando. Así lo constata el apóstol Pablo, y añade que “no obstante, el interior se renueva de día en día”. Eso es lo que espero yo, para mí y para vosotros.

La renovación interior es obra del Espíritu: vamos siendo transformados de gloria en gloria, mientras vamos contemplando, como en un espejo, a Cristo. ¿Cómo miramos a Cristo? A unos judíos que, aunque le miraban, no creían en él, Jesús les dijo: “Escudriñad las Escrituras … ellas son las que dan testimonio de mí …y no queréis venir a mí…” Ahí está la Palabra y el Espíritu. Y la Palabra nos revela la visión actual de nuestro Señor: a través de una puerta abierta en el cielo, el anciano Juan ve, en pié, en medio del trono, a un Cordero como inmolado.

El Cordero de Dios ofrecido por mí. Que esa sea nuestra visión.